Las ciudades en general son el reflejo de una serie de anomalías, que se forman y construyen en el día a día mediante las necesidades colectivas e individuales y que se han agudizado en las últimas décadas, sobre todo en un país como el nuestro, donde es generalizada su informalidad; que trae consigo un desbordante crecimiento con una indescifrable morfología, que va dejando a su paso llenos y vacíos que caracterizan a la ciudad contemporánea y que es incontrolable para cualquier plan u ordenamiento urbano planificado. Ello se podría explicar quizás por los constantes cambios que hemos experimentado como sociedad, la aparición de nuevas tecnologías, la multiculturalidad derivada de la globalización a la que estamos inmersos, la interculturalidad que coexiste en nuestras ciudades, la aplicación de principios de sostenibilidad, ya no solo como objetivo, desde su aparición en el informe Brundtland, en 1987,si no como parte del ejercicio profesional tanto proyectual como constructivo, establecido en normas y leyes.
Para Delgado (2011), Las ciudades desde su existencia ha escenificado diferentes luchas y conflictos sociales tomando a su paso, los espacios de su cotidianeidad como baluartes a defender de un enemigo que quiere ordenarlos, convirtiendo estos en espacios de lucha social, ello asociado a la idea equivocada y errada del idealismo urbanístico de quienes planifican la ciudad, que pretenden desde la forma y el diseño urbano, orientar y modificar el comportamiento humando, cuando se sabe que la morfología que configura finalmente la ciudad y el espacio público, es la “morfología social”.
Adhiriendo a esta postura ideológica general, habría que sumar la realidad particular de nuestras ciudades latinoamericanos y en especial la peruana, que tiene muy arraigada la informalidad como cultura y la segregación social que desarticula a un más el territorio y la ciudad, adaptándolo a sus necesidades y anhelos que por cierto no solo son antagónicos, sino que son diametralmente diferentes y hasta opuestos en ciertas zonas de la ciudad. Ello explicaría en cierta manera lo indescifrable de la morfología urbana que tenemos, casi indomables frente a la utopía urbana que intentan plasmar nuestros planificadores y políticos, que dista mucho de aquello que se considera correcto.
La ciudad de Piura no es la excepción a la regla, es una ciudad ubicada al norte del país, muestra una configuración de llenos y vacíos como todas las ciudades, de un crecimiento disperso, con una población de más de medio millón de habitantes, apostada en un territorio de 621.2 km² y con topografía llana a unos 25m sobre el nivel del mar y que actualmente es considerada una metrópoli conformada por los distritos de Piura, Veintiséis de Octubre, Castilla y Catacaos. Es en ese contexto resalta en medio de la ciudad, un vacío urbano de aproximadamente 8.0 ha. muy particular, denominado Cancha de Polo, un espacio extraño por estar ubicado en una zona consolidada y que mereció la atención y el interés de conocerlo, analizarlo y estudiarlo, sobre todo porque se aprecia en él, un dinamismo social y recreativo, inusual que distinta de la precepción que se tiene de este tipo de espacios como vacíos urbanos.
Cabe mencionar que el presente artículo de investigación, resume una investigación realizada en la tesis doctoral con mención en Arquitectura que fue sustentada en el año 2022, bajo el nombre de “Tabula rasa desde un vacío urbano hacia la producción social del espacio, Cancha de Polo – Urb. San Eduardo – Piura 2022”, y que buscaba conocer los atributos de este vacío urbano particular en la ciudad, bajo la contrastación de las teorías más influyentes del espacio público y la ciudad, que conduzca a plantear una nueva postura teórica que se sume a las ya existentes planteadas en otros estudios, otros países y otras realidades, pero con la peculiaridad de ser esta investigación, una búsqueda de una realidad local, que no pretende generalizar si no por el contrario limitar ésta, al profundizar su enfoque a un usuario específico de la ciudad de Piura.
Los teóricos citados para este fin fueron: Henry Lefebvre, Sergi Valera y Jan Gehl. Ello permitió mediante una lectura hermenéutica de sus textos y sus teorías lograr hacer una investigación a profundidad dejando de lado los paradigmas tradicionales que caen en redundancia. Para ello se trazó una ruta metodológica que en un primer momento sustraer las categorías apriorísticas de los textos citados, para luego contrastarlas con el trabajo de campo, desarrollando el levantamiento de los aspectos físico, fichas de observación y entrevistas a los usuarios logrando con ello descubrir las categorías emergentes para luego concluir de la contrastación de ambas y definir las categorías a posteriori como resultado. Este enfoque cualitativo de investigación permitió arribar a una nueva definición de este vació urbano como aporte conceptual y teórico.
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